Las noticias de unidades de combatientes compuestas por ex presidiarios en ambos bandos de la guerra de Ucrania —como el batallón Alcatraz ucranio— me han llevado de vuelta a las viejas novelas de Sven Hassel, protagonizadas por soldados de un regimiento penal del ejército alemán en la Segunda Guerra Mundial, y me he leído una que tenía aún pendiente de las 14 que escribió, La ruta sangrienta (en la edición de 1977 de Plaza & Janés). Siguiendo el hilo disciplinario he acabado inesperadamente inmerso en otra novela muy distinta, la terrorífica Jatyn (1971), de Alés Adamóvich, que acaba de publicar Edhasa en castellano y en la que se basó la célebre y terrible película Masacre (ven y mira), de Elem Klimov, tenida por la mejor plasmación en cine de la acción de los escuadrones de la muerte nazis. En Jatyn me he encontrado con el rastro de la Brigada Dirlewanger de las SS, precisamente una unidad penal del ejército hitleriano, los “cazadores negros” como la bautizó el historiador del nazismo Christian Ingrao dado que en origen estaba compuesta de convictos por caza furtiva.Más informaciónPensaba que después de tanto tiempo de leer a Sven Hassel poco me podía interesar ya de él. Empecé a finales de los sesenta con Batallón de castigo en el colegio, donde las sotanas negras de los vigilantes curas evocaban los uniformes de las SS, el verde de las pizarras al NKVD y el ruido de los brutales juegos en el patio el fragor de los T-34. Luego vinieron La legión de los condenados (la primera novela de la serie), Los panzers de la muerte, Camaradas del frente, General SS, ¡Liquidad París!… En 1996 le entrevisté en su casa (vivía en Barcelona junto al Turó Park, rodeado de memorabilia militar) y, cerrando el círculo, escribí su obituario en 2012. Por entonces ya sabíamos cuántas cosas se inventó Sven Hassel (del que queda por publicar en castellano una novela inacabada), empezando por su nom de plume (en realidad se llamaba Borge Willy Redsted Pedersen), y que era imposible que, como pasaba en Prisión GPU, a una compañía penal les dejaran tripular los preciados tanques Tiger, por ejemplo. Pero con Sven Hassel y sus personajes (Porta, Hermanito, Barcelona, el Legionario, el Viejo, el odioso Heide, su propio alter ego Sven), sucede igual que con tantos restos del pasado que se te han quedado adheridos: nunca acabas de desprenderte del todo de ellos, como de las cosas viejas amontonadas en los altillos.En La ruta sangrienta seguimos a los personajes de la compañía penal en una alucinada marcha por los Balcanes entre cadáveres descompuestos, patíbulos con su carga de ahorcados oscilantes, calor, sed y escorpiones. Visitan Atenas, Tesalónica, Belgrado, presencian ejecuciones masivas, combaten salvajemente cuerpo a cuerpo en Rusia. En un episodio picaresco Porta y el jefe mecánico Wolf están a punto de ser fusilados por suministrar al ejército un té inglés que provoca una incapacitante diarrea y conocen al mismísimo mariscal Model. La compañía (que en otras novelas ha tenido mascotas como el gato Stalin y la pantera negra Ulrich) adopta aquí a un gran oso pardo, Rasputín, procedente de un circo ruso quebrado y que comparte las penalidades del grupo y combate a su lado, cubierto con casco de acero e incluso arrojando granadas de mano (!). Otro episodio, el de un capitán estirado, cobarde, arribista y enchufado muestra que sin duda Sam Peckinpah conocía las novelas de Sven Hassel al rodar La cruz de hierro —la frase de Porta “aquí los héroes no sirven para nada” podría ser perfectamente del sargento Rolf Steiner (James Coburn)—. Hay cosas que rechinan, como lo de que, en su afán por conseguir más soldados, el Ejército alemán recluta incluso “una unidad de negros alemanes”. También el que los rusos emplean “kalashnikovs”, algo improbable pues el AK-47 es, como su nombre indica, de 1947, después de la guerra.Los personajes de Sven Hassel, en la versión cinematográfica.He leído La ruta sangrienta, decía, con la excusa de la actualidad de los batallones penales, y lo he hecho en paralelo a un iluminador ensayo sobre esas unidades alemanas en la Segunda Guerra Mundial, Strafbattalion, Hitler’s penal batallions (Fonthill, 2017), del historiador militar estadounidense Walter S. Zapotoczny, que explica detalladamente su funcionamiento en el contexto del Ejército alemán y del sistema penitenciario del III Reich. Los batallones penales, compuestos por militares convictos (indisciplinados, desertores y acusados de insubordinación o cobardía) y también por presos políticos y comunes, surgieron para enjugar las cada vez más altas perdidas de soldados alemanes en el curso de la contienda. La idea era aprovechar esa bolsa de combatientes inactivos que eran las prisiones.Los Strafbattalions ofrecían la posibilidad de salir de la prisión (o no entrar en ella tras cometer un delito) y teóricamente hasta de redención. Zapotoczny señala cómo algunos convictos aprovecharon la oportunidad y se comportaron heroicamente en el frente, aunque relata también cómo otros persistieron en sus hábitos criminales, cometiendo atrocidades para las que el Ejército nazi no dejaba de proporcionar un marco muy apropiado. En realidad, las unidades penales, como puede suponerse, eran carne de cañón y, recalca Zapotoczny, se las usaba a menudo en misiones suicidas (“misiones de viaje al cielo”, las llamaban), para limpiar campos de minas o recuperar cadáveres del frente. Se calcula que sus bajas superaban el 50 %, había durísimos castigos y no se las dotaba del mejor armamento precisamente (desde luego nada de Tigers). Estaban a menudo bajo el control de la policía militar (Feldgendarmerie, los apodados Kettenhunde, “perros encadenados”, por las gorgueras metálicas que lucían). Hasta tres batallones penales desaparecieron completamente y la documentación los describe como “destruidos en batalla”. Entre las tropas disciplinarias figuraban unidades de libertad condicional como las de soldados convictos denominadas con el número 500 (entre ellas el 500º batallón paracaidista de las SS), o las de presos civiles con el 999 (como la 999ª División Ligera Africana). No sale ningún 27º Regimiento Penal Panzer (la unidad disciplinaria inventada en la que combaten los personajes de Sven Hassel). No está mal recordar dos de las ocasiones en que unidades penales han aparecido en la ficción (aparte de la versión cinematográfica de Los panzers de la muerte): en la serie Hijos del Tercer Reich y en la película (y la novela) Ha llegado el águila, en la que Kurt Steiner y sus hombres son enviados a tropas disciplinarias.Un fotograma de ‘Masacre: ven y mira’, de Elem Klimov.IVC (Europa Press)Zapotoczny dedica amplio espacio a hablar de 36ª División de Granaderos de las Waffen SS, que es la denominación upgraded al final de la guerra de la tristemente famosa Brigada Dirlewanger, llamada así por su comandante, Oskar Dirlewanger, un alcohólico, homicida y violador (convicto antes de la guerra de violar a una niña de 14 años y de asalto sexual) que llegó a ser incluso demasiado brutal para el estándar (alto, como puede imaginarse) de las SS. La siniestra formación, compuesta por verdaderos asesinos, participó en algunos de los actos más espantosos de los nazis en el Este, quemando vivas a poblaciones enteras en Bielorrusia y labrándose la reputación de la unidad más criminal de la máquina de guerra de Hitler, y mira que había competencia. La brigada se creo en 1940 en el seno de las Waffen SS como grupo antipartisano, inicialmente con condenados por caza furtiva —por su capacidad de rastrear al enemigo y su habilidad como tiradores— y se amplió reclutando a criminales de lo más vil hasta convertirse en una banda de desalmados y sádicos degolladores digna del peor escenario de la guerra de los Treinta Años. La forma en que devastaron la ocupada Bielorrusia cuando se los desató sobre ella resultó espeluznante. “Donde hay un fuego, ahí está Dirlewanger”, se decía en el ejército alemán.Tropas de la Brigada Dirlewanger en Varsovia en 1944.BundesarchivLa Brigada Dirlewanger, a la que Christian Ingrao dedicó su apasionante e antropológicamente iluminador estudio de la unidad Les chasseurs noirs (Perrin, 2009), une los tres libros: Strafbattalion, La ruta sangrienta y Jatyn. En la novela de Sven Hassel, en la que aparecen numerosas referencias a “los 500″, las tropas disciplinarias clásicas, a un capitán de las SS se le envía por desobedecer las órdenes y matar a un importante prisionero ruso a la Brigada Dirlewanger, donde “podrá disparar cuanto quiera, ¡se lo aseguro”, le espeta su superior, “pero empezará al más bajo nivel”. En cuanto a Jatyn, se describe la destrucción en 1943 por tropas genocidas alemanas de las aldeas bielorrusas como la propia Jatyn (nada que ver, aunque a veces se escribe igual, con la masacre de Katyn, donde los rusos asesinaron en 1940 a la oficialidad polaca), Borki, Borísovka o Zábalotie representadas en la novela por la de Perejodi, de donde es el joven de 13 años Flyora, metido a partisano y testigo de las atrocidades.Tropas de las SS alinean judíos para asesinarlos en Babi Yar. Hulton Archive (Getty Images)En la novela, un libro complejo, perturbador y desasosegante, como la propia guerra, hay muchas cosas que aparecen en el filme que se basó en ella (el guion de Masacre lo escribieron juntos Adamovich y Klimov). Está el horror alucinado de destrucción del pueblo y la quema de sus habitantes encerrados en el granero, está el mismo avión alemán que todo lo ve —un extravagante Focke-Wulf Fw-189 Uhu (búho) de reconocimiento—, están las despiadadas tropas mixtas de alemanes y auxiliares extranjeros (descritas como “batallones de castigo” en la novela). Y está el comandante alemán que lleva de mascota un mono (dato acreditado históricamente por una testigo superviviente de la destrucción de la aldea de Levischi), convertido en el filme en un raro tarsio, el pequeño simio asiático parecido a los lémures.El comandante de las SS de ‘Masacre (Ven y mira)’.El Einsatzkommando de las SS que destruyó Jatín en la realidad era el 118 º batallón de la Schutzmannschaft (escuadrón de ayuda), una unidad de policía nazi que incluía colaboracionistas ucranianos, voluntarios rusos reclutados en los campos de prisioneros y fuerzas del Batallón Dirlewanger. En la novela no se menciona explícitamente al batallón, pero para la película Klimov quiso que el personaje del comandante de las SS, que encarna magníficamente el actor letón Viktors Lorencs, se basara en Oskar Dirlewanger. En realidad, el criminal líder nazi no murió a manos de los partisanos tras capturarle en una emboscada (como en la novela y el filme) sino que aún tuvo tiempo para masacrar polacos con sus tropas de salvajes lansquenetes pardos en el levantamiento de Varsovia en 1944. Fue apaleado hasta la muerte por guardianes polacos en el campo de prisioneros de Altshausen en junio de 1954.Las diferencias entre los camaradas indisciplinados, jaraneros y en general antinazis de Sven Hassel y las bestias furtivas de Dirlewanger son grandes y notables. Pero no deja de ser inquietante que se tratara en ambos casos de unidades penales y pelearan en el mismo bando, con igual uniforme y bajo la misma bandera.

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